“Es una trama que me toca muy de cerca”: Ibrahim Al Shami J nos habla de la ceguera de Adriano en ‘La Promesa’
El intérprete repasa su evolución en ‘La Promesa’, el reto de interpretar una ceguera, la exigencia de la ficción diaria y su pasión por el trabajo.

Ibrahim Al Shami da vida a Adriano en ‘La Promesa’, uno de los personajes que más ha cambiado dentro del universo de la serie diaria de TVE, convertida en uno de los grandes fenómenos de la ficción española y reconocida internacionalmente con el Emmy a Mejor Telenovela.
Su llegada supuso primero la irrupción de un hombre humilde, profundamente ligado al campo, y después una transformación inesperada dentro de una trama marcada por la evolución social, emocional y personal.
En conversación con Cultura en Serie, el actor sevillano —conocido también por títulos como ‘El secreto de Puente Viejo’, ‘Valeria’, ‘Mía es la venganza’ o ‘Toy Boy’— reflexiona sobre cómo ha construido ese cambio, el enorme desafío interpretativo de la ceguera de Adriano, la fuerza de la ficción diaria y una profesión que, según reconoce, sigue viviendo como un sueño: mantenerse trabajando.
Entrevista a Ibrahim Al Shami J, Adriano en ‘La Promesa’
Adriano ha vivido una transformación enorme en relativamente poco tiempo, pasando del campo a la nobleza. ¿Cómo has trabajado ese cambio para que siga siendo creíble?
Muy guay que lo percibáis, porque al final uno compone el personaje precisamente para que ese tipo de cosas se noten.
Yo siempre lo digo: me he inspirado mucho en mi familia, en los míos, en gente que se ha criado en el campo toda la vida. Yo he mamado mucho eso y me gusta. He cogido inspiraciones de familiares, pequeñas cosas, incluso ciertas coletillas, siempre intentando respetar el guion.
Sobre todo lo he trabajado mucho desde la corporalidad, desde el cuerpo y la voz. A mí me gusta construir los personajes desde ahí. Y luego ha sido un progreso muy bonito también gracias al trabajo de guion.
En una serie diaria no te puedes instalar ni relajarte. Ese puede ser un error. Es un oficio muy continuo y tienes que seguir trabajándolo todo el tiempo. Para mí ha sido muy bonito notar ese cambio en cómo se sienta, cómo ocupa una mesa o una silla, pero manteniendo siempre la base, la esencia de alguien que viene del campo.
También ha cambiado su vida sentimental, especialmente con ese triángulo con Catalina y Martina. ¿Cómo definirías lo que viene para Adriano en ese terreno?
Sin hacer mucho spoiler, es complicado. Al final se forma un triángulo amoroso difícil, en una época muy complicada, donde además el tema de la infidelidad tiene un peso muy distinto.
Pero sí puedo decir que va a desembocar en algo muy chulo, en algo que la gente no espera. Eso hace que el trío tenga mucha fuerza, porque pasa por muchos lugares y acaba llegando a sitios que ni yo mismo, como intérprete, esperaba. Es una transición lenta, como suele pasar en este tipo de series, pero va hacia un lugar bastante inesperado.
La trama de la ceguera de Adriano ha sido especialmente intensa. ¿Cómo te preparaste para algo tan delicado?
Ha sido muy interesante. A mí me gusta mucho trabajar este tipo de retos, cuanto más complicado, mejor.

Estuve unos cuatro meses preparándolo por mi cuenta con mi coach, Jorge Elorza, con quien he trabajado todos mis personajes. Después lo fuimos moldeando con las coachs de ‘La Promesa’, con Charo y Amanda, y luego con el director, Miguel Conde.
Lo bonito es que se me permitió construir una ceguera distinta a la típica que solemos ver. Me fijé más en personas ciegas reales, incluso amigos, en cómo se mueven los ojos, cómo el cuerpo se ancla al suelo.
Además, hace aproximadamente un año viví una experiencia personal bastante traumática relacionada con los ojos, así que también he recogido mucho miedo real de ahí. Es un tema que me toca de cerca y por eso me lo he tomado con muchísimo respeto.
‘La Promesa’ se ha convertido en un fenómeno enorme. ¿Cómo se vive desde dentro ese impacto?
Sí se nota. En la calle notas muchísimo que la serie la ve gente de todas las edades. Existe ese prejuicio de que este tipo de melodramas van dirigidos solo a un público mayor, pero no. Error. Lo ve muchísima gente y muy distinta.
No es una locura de no poder salir, pero sí notas que te ubican, que te reconocen. Y en redes también hay mucho feedback.
Dentro del equipo lo vivimos con bastante naturalidad. En maquillaje o peluquería muchas veces comentamos cosas, incluso barbaridades que dicen algunos haters, que al final son minoría. A mí me hace gracia.
La serie también ha reforzado mucho su presencia en redes, podcast y contenidos extra. ¿Eso ayuda a conectar más con el público?
Sí, claro. Hay un empuje muy interesante por mostrar más naturalidad, por acercarnos más. El podcast está muy bien para eso, aunque yo siempre digo que a ver si ya podemos gamberrear más. Pero sí, todo eso ayuda a que la gente conozca más a las personas detrás de los personajes.
Después de más de 800 capítulos y cinco temporadas, la serie sigue sorprendiéndonos con tramas muy potentes, ¿cómo definirías lo que viene en ‘La Promesa’?
Mucho caos. Mucho movimiento, muchas cosas, pero con sentido. Eso es importante. No se trata solo de que pasen cosas porque sí, sino de que tengan fundamento. Yo diría que viene un poco algo como de “darle la vuelta a la tortilla”.
Te conocimos en ‘El secreto de Puente Viejo’ y también protagonizaste ‘Mía es la venganza’,… Aunque las series diarias siempre han contado con un importante respaldo del público, se nota una evolución muy importante en la producción ¿Cómo lo has vivido desde dentro?
Soy muy defensor de la ficción diaria. Es verdad que es un formato exigentísimo y el gran condicionante es el tiempo. Tienes que hacer mucho en muy poco. Pero precisamente por eso despierta muchísimo la intuición actoral. Te obliga a estar presente, a meterte en el barro de verdad si quieres crecer.
He hecho prime time, cine, distintas cosas, y me gusta todo, pero la diaria tiene algo muy especial. Además, la evolución ha sido brutal: ya no existe tanto esa impostación antigua, ahora hay muchísima más calidad visual, interpretativa y técnica. Cuando luego ves el resultado en televisión, valoras muchísimo más el trabajo de todo el equipo.
Imposible no recordar la reivindicación de María Castro y Marta Costa en los Premios Feroz sobre las series diarias… Aunque en algunos premios ya empiezan a ser reconocidas… ¿Crees que la industria en general se debería poner las pilas en este aspecto?
No sé si está cerca o lejos, pero sí creo que hay cierta distancia. Parece que cada formato ocupa un lugar distinto: teatro, cine, prime time… y ficción diaria. Pero al final todo es interpretación, todo es contar historias. Y aquí el valor no está solo en aprenderte rápido un texto, sino en ejecutar una interpretación con muy poco tiempo.
¿Te has planteado alguna vez dejar la ficción diaria por el nivel de exigencia?
No. Sí intento cuidarme mucho para no quemarme. Eso sí. Cuando uno empieza a no disfrutarlo, puede contaminarse a sí mismo y a los demás. Pero ahora mismo no. Me sigue gustando.
Has hecho música, producción, doblaje, pintura… ¿Dónde te sientes realmente en casa?
Aquí, en la interpretación. Me encanta trabajar. Lo demás también forma parte de mí, son vías artísticas, formas de desfogue. Pero mi energía principal está aquí. Yo deseo que llegue el lunes. De verdad.
¿Y algún sueño pendiente?
Seguir trabajando. Realmente estoy viviendo el sueño desde que llegué a Madrid. Para mí el éxito está en mantenerse, en seguir viviendo personajes peculiares, carismáticos, de esos que te permiten jugar.
¿Qué viene próximamente fuera de ‘La Promesa’?
Estoy muy metido en una obra de teatro para la próxima temporada. Es una obra de tres personajes, pero yo interpreto a cuatro. Ahí voy a poder sacar mucho esa parte de imitación que tengo y desfogar muchísimo.
Está muy pensada para eso, así que ya habrá noticias.








