«¡Nos casamos!» en ‘La Promesa’ (Mejores momentos)
La semana de San Valentín en ‘La Promesa’ ha llegado cargada de emociones fuertes.

Lo que parecía una comida familiar más en el palacio terminó convirtiéndose en uno de los momentos más tensos de la temporada. Curro y Ángela han decidido dar un paso definitivo y anunciar su boda, y no todos están preparados para asumir las consecuencias.
Todo comenzó con un detalle imposible de ignorar. Ángela, pese a las advertencias de su madre, apareció en la mesa con el anillo de compromiso puesto. El capitán de la Mata fue el primero en percatarse y no dudó en señalarlo delante de todos. La confirmación no tardó en llegar. Y entonces Curro, poniéndose en pie, lanzó el anuncio que cambiaría el rumbo de la velada: tenían intención de casarse a la mayor brevedad posible.
Durante unos segundos, el silencio se apoderó del comedor. Después llegaron las sonrisas de algunos miembros de la familia. Pero la alegría no fue unánime. Leocadia y Lorenzo reaccionaron con indignación, cuestionando tanto la precipitación del enlace como el impacto que podría tener sobre el apellido Luján.
El principal argumento en contra fue claro: hace apenas unos días, Ángela estaba prometida a otro hombre y la cancelación de aquella boda ni siquiera ha sido comunicada a todos los invitados. Para los más críticos, esta decisión solo traerá murmuraciones y escándalo. Se habló de honor, de reputación y de imprudencia. La tensión fue creciendo hasta rozar el enfrentamiento directo.
Lejos de recular, Curro defendió su postura con firmeza. Recordó que mantener su relación en secreto solo les había causado sufrimiento y planteó una cuestión que resonó en la sala: si después de todo lo vivido no merecen, por fin, ser reconocidos públicamente como pareja. Algunos hermanos le mostraron su apoyo sin titubeos.
Y cuando parecía que la discusión no tenía salida, llegó el giro inesperado. Alonso intervino y, contra todo pronóstico, otorgó su bendición. Aseguró que contaban con su respaldo para casarse cuando quisieran. La reacción fue de absoluta incredulidad en parte de la mesa, pero la decisión estaba tomada.








